Una explosiva novedad en un ambiente rural
El 9 de noviembre de 1889, la Sociedad de Progreso de Caballito inauguró este emblema del barrio, trayendo a la ciudad una novedad explosiva que buscaba el buen gusto por la alimentación descubierto en el viejo mundo. El predio fue bendecido por el Padre De Vita, párroco de Flores, con dos bandas de música tocando en vivo para los vecinos. La gran inauguración culminó con una reunión social en el ya desaparecido Hotel Roma, mezclando a los primeros puesteros inmigrantes con autoridades y figuras de la élite como el doctor Enrique Quintana.
9 NOV 1889
El nudo del transporte y la vida en la calle
Con la inauguración del Subte A en 1914, el mercado aprovechó el flujo masivo de pasajeros y se transformó en el gran abastecedor de todo el "Oeste Porteño" (Almagro, Caballito y Flores), funcionando como uno de los primeros "shoppings" de Buenos Aires. Afuera, la locura era total: en Rivadavia y Centenera combinaban el subterráneo y los tranvías 1, 2, 5, 10, 49, 26 y 44. ¡La frecuencia de las líneas 1 y 2 era de un tranvía cada 1,5 minutos! Ese entorno vivió eventos históricos como el "Corte de avenidas" del 13 de agosto de 1935, cuando los colectiveros abandonaron sus coches en protesta por una ordenanza.
AÑO 1914
Diseñado para carruajes y ventilación natural
La estructura original de hierro, ladrillo y mármol contaba con un techo metálico de diseño industrial francés y pabellones sin paredes que lo hacían uno de los mercados más higiénicos de su época, a la altura de los mercados de París. Sus pasillos centrales tienen exactamente 3 metros de ancho, una medida logística pensada para que los carros a caballo de 1889 pudieran entrar a descargar sin bloquear a los clientes. Como detalle oculto, debajo de la cubierta moderna todavía se preservan las letras originales Art Decó de la década de 1930. Hoy, el espacio que originalmente tenía 53 puestos cuenta con 174 puestos interiores.
De dueños a cooperativa: El aguante de su gente
Originalmente, el mercado perteneció a Don Santiago Cangallo, un benefactor que regalaba carne a las familias más pobres en épocas de crisis. Sin embargo, tras una crisis financiera de sus herederos en 1957, los propios puesteros se unieron para comprar el predio, formando la actual Sociedad Anónima. Ese mismo espíritu solidario resurgió durante la dura crisis del 2001, cuando los comerciantes pusieron dinero de sus propios ahorros para pagar los sueldos de limpieza y servicios comunes, logrando que el mercado no bajara la persiana ni un solo día.
136 años de tradición que siguen vivos
La atmósfera y los personajes del mercado son tan icónicos que el escritor Roberto Arlt ambientó allí parte de su novela "El juguete rabioso". Hasta hoy, en sus pasillos conviven reglas no escritas como la "Guerra de las Papas y Huevos" —donde se respeta al máximo la especialización de cada puesto— y mitos urbanos que relatan ruidos provenientes de los túneles del Subte A durante las noches. Atravesando el tiempo, el Mercado del Progreso sigue manteniendo intacta su tradición en calidad y atención personalizada desde el 9 de noviembre de 1889.